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EL BORRADOR DE LEY DE EDUCACIÓN
DE CASTILLA Carlos Jariod Borrego Presidente de Educación
y Persona Antes de este verano el Gobierno regional presentó un borrador de Ley educativa, que ha sido debatido en este mes de septiembre por el Consejo Escolar Regional. No es mi propósito en estos momentos hacer un análisis detallado de ese borrador; más bien deseo en esta ocasión y a título personal, avanzar unas rápidas notas sobre el texto presentado por el gobierno de Barreda. Próximamente Educación y Persona ofrecerá ante la opinión pública un análisis más detallado de las propuestas gubernamentales. La primera reflexión es bien
sencilla. ¿Para qué esta ley? El estado autonómico ha creado la ilusión de que
cuantas más leyes aprueben los parlamentos regionales, más autonómicos somos.
Esta ilusión, mínimamente analizada, se revela inconsistente. Una ley autonómica,
del corte que sea, es absolutamente innecesaria, pues toda la normativa estatal
ya se ha aprobado: Una lectura superficial del borrador
nos muestra que, como era de esperar, hay una repetición constante de artículos
de En primer lugar, parece que hay un gran énfasis en resaltar la inclusividad y asociarla a lo que se ha llamado por los apologetas logseanos “educación en valores”. En efecto, en buena parte del articulado se recalca con insistencia valores que configuran lo políticamente correcto. Valores vacíos de explicación –dando por supuesto su significado- y enmarcados en un modelo de escuela, en la que apenas hay transmisión de conocimientos, pero sí mucha preocupación por fomentar la convivencia. Es decir, una escuela-guardería. Ciertamente esta característica no es nueva, pero esta ley será un instrumento (ideológico) más para modelar un código moral políticamente correcto, en el que lo que importa no es la enseñanza, sino la moral de nuestros jóvenes. Una moral, por cierto, en la que las familias están ausentes. En consonancia con lo anterior, el
borrador de ley sanciona la novedad autonómica más destacada: la competencia
emocional. Es muy triste que Castilla-La Mancha vaya a ser conocida a partir de
ahora como la única Autonomía que trabaje y evalúe la madurez afectiva de los
alumnos. Por fortuna el buen hacer del profesorado –y su sentido común- hace
que por ahora esta competencia emocional apenas tenga peso en la docencia con
nuestros alumnos; sin embargo, el grado de adoctrinamiento al profesorado es de
tal calibre que, en poco tiempo, nos encontraremos docentes entusiastas
dispuestos a valorar la madurez afectiva de los chicos con los estándares que
dictamine La
fracasada educación en valores de La futura nueva ley no responde a ninguna demanda educativa. Responde más bien a la necesidad de atornillar más las conciencias de nuestros jóvenes; la futura ley de educación no busca resolver ningún problema educativo –ni siquiera los reconoce-, sino que refuerza aún más a la escuela como instrumento de adoctrinamiento para “cambiar la sociedad”. No otra es la novedad de esta ley. Una novedad, por desgracia, muy vieja. |